En 1977 se celebró en Nairobi (Kenia) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación. Como resultado de las sesiones de trabajo, se elaboró un mapa de desiertos y áreas proclives a la desertificación en los que España era el único país de Europa occidental que aparecía con importantes zonas sometidas a procesos de desertificación calificados como graves. En aquella cartografía todo el sureste español (Almería, Granada, Málaga, Murcia, Alicante, Valencia y Castellón) estaba clasificado con riesgo de desertificación muy alto; considerándose con riesgo moderado gran parte del Valle del Ebro, la Meseta Central, Extremadura y Huelva.
Las inquietudes surgidas tras la conferencia se concretaron en un documento elaborado por el ICONA (Instituto Nacional de Conservación de la Naturaleza) al año siguiente (1978), "La problemática de la erosión: Programa de acciones en la Vertiente Mediterránea", que supuso el primer intento para una planificación de las acciones que debían desarrollarse en aquellas zonas de nuestra geografía más afectadas por la erosión hídrica, al ser dicha erosión el principal mecanismo de la desertificación en el ámbito Mediterráneo. Como paso siguiente y para atender las directrices del Plan de Acción contra la Desertificación de las Naciones Unidas (DESCON), establecido en Nairobi, se presentó el "Proyecto de Lucha contra la Desertificación en el Mediterráneo" (LUCDEME), que fue encargado al ICONA por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 1981.
Este proyecto está actualmente vigente y es desarrollado por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino a través de la Dirección General de Medio Natural y Política Forestal. Desde su aprobación, ha reunido y generado una gran cantidad de información plasmada en estudios, evaluaciones, mapas temáticos, investigaciones, formulaciones y aplicaciones técnicas acerca del proceso de desertificación en zonas áridas y semiáridas de nuestro país.
El Proyecto LUCDEME surge como iniciativa del Gobierno Español tras las recomendaciones del Plan de Acción contra la Desertificación de las Naciones Unidas (DESCOM) para promover los estudios y trabajos que permitieran conocer la situación real de las áreas afectadas y sus particularidades; cómo influyen los diferentes factores que dan lugar a los procesos relacionados con el fenómeno de la desertificación, y así facilitar el diseño de las medidas de acción adecuadas dentro de las premisas del desarrollo sostenible.
El Proyecto LUCDEME se refiere a la totalidad de la vertiente mediterránea española.
Se estableció una primera fase que comprende una superficie de 32.622 km2, englobando las provincias de Almería y Murcia y la vertiente mediterránea de la provincia de Granada. Las principales cuencas que quedan incluidas en esta primera fase son las cuencas de los ríos Guadalentín o Sangonera, Almanzora, Adra, Albuñol y Guadalfeo.
A partir de 1990 se amplía el ámbito geográfico del proyecto a toda la vertiente mediterránea española.
El proyecto LUCDEME constituye desde sus comienzos un foro de encuentro y colaboración entre expertos, Universidades y empresas del sector con la Administración.
Los objetivos específicos del proyecto LUCDEME continúan hoy siendo plenamente vigentes. Dichos objetivos se agrupan en tres apartados (cuadro adjunto).
Desde la entrada en vigor del Proyecto LUCDEME hasta la fecha, se ha generado una gran cantidad de información y se han producido un elevado número de trabajos, estudios e investigaciones relacionados con la desertificación con el fin de avanzar en el conocimiento de las particularidades y procesos que caracterizan el fenómeno.
En 1998 se organizó el fondo documental del Proyecto LUCDEME. En él se encuentran catalogados 339 trabajos relacionados con la desertificación, de los que 237 han sido financiados por el Proyecto LUCDEME, principalmente a través de convenios firmados por los distintos Organismos Públicos con colaboradores tales como Universidades, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y empresas privadas. Estos trabajos se han clasificado en función de las diferentes "áreas temáticas", de las que se han considerado 15: suelo (124 trabajos), zoología (7 trabajos), erosión hídrica (6 trabajos), erosión eólica (5 trabajos), vegetación (37 trabajos), geomorfología (8 trabajos), hidrología (8 trabajos), desertificación (7 trabajos), calidad de aguas (3 trabajos), ordenación del territorio (13 trabajos), clima (1 trabajo), planificación ganadera (7 trabajos), gestión del Proyecto Lucdeme (3 trabajos), capacidad de uso agrícola (21 trabajos) y microcuencas (2 trabajos).
Entre estos trabajos, especial mención merecen la elaboración de los Mapas de Suelos de las diferentes hojas de los territorios incluidos en el área de aplicación del proyecto, y la Red de Estaciones experimentales de Seguimiento y Evaluación de la Erosión y la Desertificación (RESEL), de los que se hace una breve reseña a continuación, así como de otros trabajos que destacan por su carácter aplicado dentro de la problemática de la desertificación.
Hasta el momento se han elaborado 132 Hojas del Mapa de Suelos, a escala 1:100.000. Las Hojas publicadas se pueden consultar en el Catálogo de Publicaciones. Además se encuentran en ejecución 9 Hojas más
El valor fundamental de estos mapas radica en la importancia que tienen como herramientas para el diseño de las actuaciones que deben efectuarse para la restauración o rehabilitación de las áreas afectadas por la Desertificación. Proporcionan un conocimiento completo y riguroso de un recurso natural tan importante como el suelo, que debe ser considerado en cualquier actuación que se realice sobre el territorio. Asimismo son documentos imprescindibles para el establecimiento de los mapas de capacidad de uso y de vulnerabilidad de un territorio dado.
En la elaboración y confección de la cartografía de suelos participan las Universidades de Murcia (Dpto. de Química Agrícola, Geología y Edafología), de Granada (Dpto. de Edafología y Química Agrícola de la Facultad de Ciencias y Dpto. de Edafología de la Facultad de Farmacia), de Sevilla (Dpto. de Edafología y Química Agrícola), de Almería (Dpto. de Edafología y Química Agrícola) y de Valencia (Dpto. de Biología Vegetal), así como del Centro Superior de Investigaciones Científicas (Unidad Estructural de Edafología y Botánica de la Estación Experimental del Zaidín de Granada y Unidad de estudios sobre Desertificación del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, actualmente integrada en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, CIDE).
Los Mapas de Suelos constan de una memoria que recoge las características generales que corresponde al territorio comprendido dentro de la Hoja. Los mapas se presentan a escala 1:100.000, donde en cada unidad el color base responde al suelo consignado en primer lugar, el rayado horizontal al resto de los suelos principales y el vertical a las inclusiones. Los colores empleados corresponden al sistema Colortrol (Instituto Geográfico Nacional, 1974).
Es de destacar la diversidad de los suelos presentes en las hojas realizadas, que de acuerdo con FAO (1988) son:
Son suelos desarrollados sobre materiales no consolidados de textura gruesa, aspecto que los caracteriza. Se desarrollan sobre depósitos arenosos de origen no aluvial. Fundamentalmente se presentan en las zonas costeras de Huelva y Cádiz, sobre depósitos eólicos y en zonas puntuales de Málaga y Almería.
Son suelos con un cierto grado de evolución. Tienen una amplia representación tanto en Murcia como Andalucía y Valencia; se desarrollan sobre distintas litologías y en relieves relativamente suaves o protegidos de los procesos erosivos por la cobertura vegetal. Podemos distinguirlos sobre extensas áreas de Sierra Morena y zonas no calizas de las Sierras Béticas; y en las zonas más ácidas de estas últimas formaciones.
Suelos profundos y formados sobre depósitos aluviales que presentan un escaso grado de evolución. Se distribuyen por las vegas de los principales ríos de la región, destacando por su extensión la vega del Guadalquivir, de Granada y Antequera. Dentro de estos suelos, se pueden distinguir los fluvisoles calcáreos, presentes en la mayoría de la región y los fluvisoles éutricos, desarrollados sobre materiales no calcáreos en la zona suroriental de la región.
Suelos sometidos a un régimen hídrico particular que hace que se encuentren encharcados durante gran parte del año. Están fuertemente asociados a áreas en depresión donde se acumulan las aguas de escorrentía. En Andalucía alcanza su mayor representación en la zona costera de Huelva sobre sedimentos arenosos profundos y con un alto nivel freático.
Suelos esqueléticos, poco desarrollados, limitados en profundidad por roca dura y cuya principal característica es no presentar más de 10 cm de profundidad. Se presentan sobre calizas, dolomías y rocas metamórficas de las sierras más abruptas; así, los encontramos ocupando los relieves más accidentados de Sierra Morena y de las Serranías Béticas.
Suelos originados por una fuerte acumulación de materia orgánica parcialmente descompuesta debido a un exceso de agua que provoca condiciones anaerobias. Estos restos vegetales parcialmente carbonizados constituyen la turba. En Andalucía se localizan puntualmente en la laguna de las Madres en Huelva, en Padúl (Granada) y en pequeñas áreas de Sierra Nevada bajo condiciones especiales de hidromorfía.
Son suelos que se caracterizan por tener un horizonte superior con alto contenido en materia orgánica y características móllicas, pero que a diferencia de los rendzinas no presentan un horizonte calcáreo en los primeros 125 cms. Son suelos que se asocian a usos forestales y que soportan buenas formaciones de matorral o bosques de quercíneas.
Suelos evolucionados y relativamente antiguos se caracterizan por la presencia de un horizonte argílico o de acumulación de arcillas. Se desarrollan sobre diferentes litologías pero siempre ocupando los relieves planos o ligeramente ondulados reservados de los procesos erosivos. Ocupan áreas importantes, desarrollándose tanto sobre calizas medianamente consolidadas y coberturas detríticas como sobre materiales no calcáreos de Sierra Morena y Sierras Béticas, aunque alcanzan su mayor extensión sobre sedimentos aluviales de las terrazas más antiguas del Guadalquivir.
Suelos desarrollados sobre materiales no excesivamente consolidados y que presentan una escasa evolución, fruto generalmente de su reciente formación sobre aportes recientes no aluviales o localizarse en zonas con fuertes procesos erosivos que provocan un continuo rejuvenecimiento de los suelos. Se pueden distinguir regosoles calcáreos desarrollados sobre marga caliza y calzia margosa en grandes zonas del norte de Granada y en las Campiñas de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Jaén y sobre conglomerados en determinadas áreas de Granada y Almería. Regosoles eútricos sobre los principales relieves no calizos de la región y regosoles dístricos circunscritos al área de Sierra Nevada y a determinadas litológicas arenosas litorales.
Presentan como característica principal un abrupto cambio textural entre los horizontes superiores, sueltos y arenosos el horizonte B subyacente, fuertemente arcilloso y con propiedades hidromórficas. Se localizan en grandes zonas del llano arenoso de Huelva y en las terrazas altas del Guadalquivir en las provincias de Sevilla, Córdoba y Jaén.
Son suelos poco evolucionados que tienen como principal característica la presencia de un horizonte superficial relativamente rico en materia orgánica y parcialmente desaturado. Se localizan sobre materiales silicatados de Sierra Morena y Sierra Nevada, ocupando áreas de fuertes pendientes y alta rocosidad y pedregosidad.
Son suelos desarrollados sobre materiales fuertemente calcáreos y que presentan un horizonte superior con un relativamente alto contenido en materia orgánica y características móllicas. Se trata de suelos circunscritos a áreas no agrícolas y presentes en todas la sierras calizas de la región, normalmente asociadas a valores relativamente altos de pendiente y buena cobertura vegetal, fundamentalmente de matorral.
Suelos con alto contenido en sales, que se desarrollan fundamentalmente sobre margas yesíferas y sobre arcillas y limos de marismas mareales. Se localizan en todas las zonas de marisma y en la zona de Baza en Granada y norte de Almería sobre margas yesíferas triásicas y ligados a situaciones fisiográficas de llanuras.
Son suelos también denominados "bujeos" o "tierras negras andaluzas", que presentan como principal característica una escasa diferenciación de su horizontes, debido a movimientos internos de materiales y a la formación de grandes grietas en los períodos estivales, que tienen su origen en un alto contenido en arcillas expansivas. Se desarrollan en relieves planos o ligeramente inclinados y sobre materiales margosos o margocalizos terciarios. Están ampliamente representados en las campiñas sevillana, gaditana y cordobesa y , en menor medida, en las provincias de Jaén y Huelva.
Son suelos desarrollados sobre diversas litologías y que se encuentran fundamentalmente localizadas en la provincia de Almería en las zonas más áridas, circunstancia que los caracteriza, junto con el marcado déficit hídrico que presentan durante todo el año.
La Red de Estaciones Experimentales de Seguimiento y Evaluación de la Erosión y la Desertificación del Proyecto LUCDEME se inicia en 1995. El objetivo fundamental es contribuir al mantenimiento de una red de estaciones de campo que permita un seguimiento directo de los procesos físicos de desertificación.
La red está compuesta por 48 campos experimentales (cuencas o parcelas) de muy diversas características y dimensiones, representativos de diferentes paisajes afectados por la desertificación en España, principalmente en la cuenca Mediterránea:
Estas parcelas y cuencas experimentales fueron diseñadas e instaladas por diferentes departamentos universitarios y centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En la actualidad, la RESEL cuenta con 23 centros asociados, agrupando a más de 100 investigadores vinculados a los principales centros de investigación de España (Universidades, CSIC), procedentes de diversas disciplinas científicas: ingenieros, geólogos, geógrafos, químicos, biólogos, etc.
Los objetivos básicos de la RESEL son:
En las investigaciones realizadas para la consecución de estos objetivos existe una evidente interrelación entre los elementos que se estudian dentro de las diferentes disciplinas: Hidrología, Geología, Edafología, Silvopascicultura, Agricultura, Ecología. Además de los objetivos comunes de la red, en cada una de las áreas de estudio se han planteado objetivos específicos en función de las características de las mismas. Dentro de este marco, los principales temas de investigación en las estaciones experimentales son:
A continuación, se describen algunos ejemplos de los resultados obtenidos en el seguimiento de los procesos desencadenantes de la desertificación en las estaciones experimentales de la RESEL:
La existencia de varias estaciones trabajando de forma coordinada permite compartir datos y coordinar proyectos de investigación aplicada a la lucha contra la desertificación. No obstante, el fin último que se persigue es establecer una base sólida de conocimientos que permita su transferencia, consideración y aplicación por parte de los diferentes organismos responsables de la lucha contra la desertificación. La base de datos RESEL contiene:
Este manual trata de reflejar los conocimientos técnico-biológicos sobre las micorrizas, analizando el concepto y los beneficios de la simbiosis micorrícica, así como los principales ejemplos de plantas cultivadas en viveros forestales del sudeste español y sus respectivos tipos de micorrizas. También se muestran las técnicas de micorrización en vivero, tipos de inóculo y los factores que influyen en el desarrollo de la planta. Todo ello encaminado a mejorar los conocimientos de los técnicos encargados de los viveros forestales en el papel y funcionamiento de las micorrizas, así como las técnicas de preparación y aplicación de inóculos determinados para plantas forestales y, por último, conocer las principales micorrizas más favorables para la repoblación.
Se presentan los resultados hidrológicos de las lluvias torrenciales simuladas artificialmente en 16 parcelas experimentales con diferentes cubiertas de vegetación y distintos tipos de operaciones de preparación del suelo para repoblaciones forestales. Partiendo de dos parcelas testigo cubiertas de matorral, se pasa a cuatro parcelas en las que la vegetación se ha reducido por diferentes procedimientos de roza y/o decapado, para analizar las diez parcelas restantes con operaciones preparatorias para la repoblación: tres con subsolado, otras tres con aterrazado o acaballonado y finalmente las últimas cuatro con ahoyado.
Los resultados permiten seleccionar el método de repoblación más eficaz para la retención de agua de lluvia en cada situación
Uno de los logros relevantes de este proyecto ha sido el desarrollo de una metodología original, ajustada a las específicas condiciones mediterráneas que define el marco LUCDEME y ampliamente validada en el estudio de la receptividad ganadera de sus pastos. Esta metodología se aplica hoy en la evaluación de diversos agrosistemas y parques de España y Suramérica.
El estudio analiza el potencial pastoral de diferentes zonas áridas y semiáridas de Almería, Granada y Murcia, definiendo unidades de paisaje, productividad vegetal y valor nutritivo de la flora autóctona del SE español. Se documentan los hábitos alimentarios del ganado, las características del pastoreo, las necesidades energéticas de los animales y la calidad de sus producciones. Estos aspectos permiten elaborar estrategias de mejora a través del manejo de la vegetación y el ganado, tendentes a lograr sucesiones ecológicas de mayor productividad, lo que lleva implícito definir la carga animal óptima y evaluar la regeneración de estos frágiles agrosistemas del sureste peninsular, en permanente riesgo de degradación.
En función del estado inicial de la vegetación (Mapa de Vegetación Actual) y del objetivo que para la zona se ha asignado, se desarrollan los modelos de restauración de la vegetación, en los cuales se marca el estado final de la vegetación en cada una de las unidades. Además del estado inicial y final, se reflejan cuales son los tipos de gestión y actuaciones necesarios para llevarlas a término. Por lo tanto, existe un modelo de restauración distinto para cada estado inicial o grupo de estados iniciales.
Cada modelo de restauración consta de una tabla de especies a utilizar, ordenadas por los biotipos a los que hace referencia el modelo. Como las especies que se pueden utilizar van a variar según la serie de vegetación, se desarrolla un modelo de restauración para cada serie de vegetación.
Tanto los estados iniciales de los que se parte, como los modelos de restauración a aplicar, así como los estados finales en los que quedará la vegetación una vez restaurado el territorio se representan en una cartografía a escala 1:100.000 que acompaña a las memorias de las diferentes áreas estudiadas: Cuencas de los ríos Andarax, Adra, Antas y Ramblas de Morales.