La Ley 4/1989 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y fauna Silvestres, aporta por primera vez la idea de conservación activa, para lo que se requiere una gran variedad de acciones complementarias.
Esta Ley da, por primera vez, un tratamiento específico a las especies amenazadas. Además, supone un cambio de concepto ("todas las especies están protegidas aunque algunas se pueden explotar") en lo que hasta en ese momento se consideraba la protección de las especies ("todo se puede explotar salvo lo que está protegido").