TJ Dillashaw no se fue de la UFC como imaginaba. No hubo despedida grande, ni un adiós oficial dentro del octágono, ni tampoco la sensación de haber cerrado su carrera en sus propios términos. Su final llegó de otra forma: con una lesión grave, una cirugía que no salió como esperaba y la obligación de aceptar que su cuerpo ya no le dejaba seguir compitiendo al máximo nivel.
El excampeón del peso gallo habló recientemente sobre esa etapa en el podcast de Demetrious Johnson, y dejó una idea muy clara: su retirada no fue realmente una elección. Dillashaw explicó que no tenía pensado retirarse tras su derrota ante Aljamain Sterling en 2022. Su idea era apartarse, operarse del hombro y comprobar si todavía podía volver. Pero no ocurrió así. La operación no funcionó como esperaba y, según sus propias palabras, eso fue lo que le “forzó” a retirarse.
Una lesión que le cambió la vida
Dillashaw reconoció que, mirando atrás, se arrepiente de no haberse bajado de aquella pelea con Aljamain Sterling. Aseguró que se lesionó el hombro durante el campamento y que aun así decidió seguir adelante, convencido de que podría competir pese al problema. Con el paso del tiempo, ese intento de aguantar terminó costándole mucho más que una derrota.
Lo más llamativo es que el problema no se quedó solo en su carrera deportiva. El ex campeón explicó que sigue teniendo limitaciones físicas importantes en su vida diaria. Contó, por ejemplo, que no puede levantar el brazo con normalidad y bromeó con situaciones cotidianas como intentar poner una maleta en el compartimento superior de un avión y tener que pedir ayuda. También resumió su situación con una frase tan simple como dura: pasar “de estar en la cima del mundo a sentir que solo tiene un brazo y medio”.

Un retiro sin cierre real
Esa falta de cierre también marcó su transición fuera del deporte. Dillashaw admite que nunca tuvo esa retirada definitiva y planeada que muchos peleadores imaginan. No dejó los guantes en la jaula ni tuvo una última noche pensada como despedida. Simplemente, un día entendió que el regreso ya no dependía solo de su voluntad.
Y aun así, la sensación de que dejó algo pendiente no ha desaparecido. De hecho, reconoció abiertamente que, si su hombro funcionara bien y ocurriera un milagro con su recuperación, probablemente volvería a pelear. No lo dijo como una frase vacía. Lo dijo como alguien que sigue echando de menos competir y que todavía siente que podría hacerlo.
La crisis después de la pelea
Más allá de lo físico, Dillashaw también habló de algo que le ocurre a muchos atletas de élite cuando dejan de competir: la pérdida de identidad. Admitió que los primeros meses fueron duros y que tuvo que averiguar quién era fuera de la UFC. Durante años, su vida giró alrededor de ser campeón, entrenar, competir y perseguir el máximo rendimiento. Cuando eso desapareció, llegó una pregunta difícil: qué hacer ahora.
Según explicó, durante aproximadamente los primeros seis meses la transición fue complicada. Ya no se trataba solo de asumir que no iba a pelear, sino también de encontrar una nueva forma de ganarse la vida. Él mismo recordó que su dinero venía de competir y que, aunque había intentado otros proyectos antes, nunca les había dedicado toda su energía porque su prioridad seguía siendo el campeonato.

Negocios que no salieron bien
Antes de encontrar su camino actual, Dillashaw también pasó por fracasos empresariales. Contó que estuvo implicado en un negocio de zumos prensados en frío que quedó muy tocado por la pandemia. La apertura coincidió prácticamente con el inicio de los cierres obligatorios por COVID y el proyecto terminó convirtiéndose en una mala experiencia económica.
Ese detalle también ayuda a entender mejor su etapa posterior a la UFC. No fue simplemente el típico caso del expeleador que se recicla sin problemas. Hubo intentos que no salieron bien, dinero perdido y una etapa de incertidumbre sobre qué hacer con su vida profesional.
De campeón a empresario
La nueva etapa de Dillashaw ha tomado forma a través de Wild Society, su marca vinculada a la nutrición y al rendimiento. Él mismo explicó que ese camino nació de algo muy simple: siempre había estado obsesionado con el cuerpo, el rendimiento, la suplementación y la búsqueda del máximo nivel. Cuando dejó de pelear, entendió que ese conocimiento podía convertirse en un negocio.
También contó que aprendió mucho trabajando con otras marcas y que, en algunos casos, incluso se sintió incómodo promocionando productos en los que no creía realmente. Eso le llevó a pensar que podía construir algo mejor y más alineado con lo que él mismo quería consumir. Así acabó lanzando una marca propia, centrada en la nutrición, la recuperación y el rendimiento.
Dillashaw ve esa faceta casi como una continuación de su carrera deportiva. Si antes era el “CEO” de sí mismo como atleta, ahora aplica esa misma mentalidad a su empresa: elegir bien al equipo, cuidar el producto y construir algo a largo plazo.

Sigue pensando como peleador
Aunque ya no compite, su forma de hablar deja claro que sigue viendo el deporte con ojos de luchador. Continúa analizando peleas, sigue entrenando y reconoce que todavía siente esa conexión con la competición. Incluso confesó que, cuando ve ciertos combates o estudia a algunos peleadores, sigue pensando en cómo los afrontaría él.
Esa es, quizá, la idea más llamativa de toda su etapa post-UFC: TJ Dillashaw ya no pelea, pero tampoco ha desconectado del todo de esa vida. Su cuerpo lo apartó del octágono antes de lo que quería, pero mentalmente todavía no ha soltado por completo esa parte de sí mismo.
Una vida nueva… pero no tan lejana de la antigua
Hoy, la vida de Dillashaw gira más alrededor de los negocios, la nutrición y el rendimiento que de los campamentos y las peleas. Pero su historia tras la UFC no es la de alguien que cerró una puerta y pasó página de inmediato. Es más bien la de un campeón que tuvo que reinventarse a la fuerza, convivir con una lesión que le cambió la rutina y encontrar una nueva identidad sin dejar de pensar, en el fondo, como un peleador.
Y quizá por eso su caso resulta tan interesante. Porque no habla del retiro ideal. Habla del retiro real: el que llega antes de tiempo, el que deja preguntas sin responder y el que obliga a empezar de nuevo cuando todavía no estabas preparado para hacerlo.








